La Confederación General del Trabajo (CGT) convocó a una movilización en rechazo a la reforma laboral que el Senado debatirá este miércoles, en una jornada que anticipa alta tensión política y social.
Ante la previsión de una marcha multitudinaria, el Ministerio de Seguridad de la Nación, encabezado por Alejandra Monteoliva, confirmó que se aplicará el protocolo antipiquetes con un fuerte despliegue de fuerzas federales, vallados en zonas sensibles como Plaza de Mayo y las inmediaciones del Congreso, y el objetivo explícito de garantizar la circulación y evitar disturbios.

El acto funcionará además como un test de poder para el sindicalismo, que ya advirtió que, de no ser escuchado, avanzará hacia la convocatoria de un paro nacional. Desde la CGT cuestionan duramente el contenido del proyecto oficialista, al que califican de “redacción maliciosa” por favorecer a grandes empresas en detrimento de pymes y trabajadores. Entre los puntos más criticados figuran la limitación de la autonomía sindical, la creación de un fondo de cese laboral en reemplazo de las indemnizaciones y la implementación de un banco de horas que, según los gremios, profundiza la precarización laboral.
En paralelo, la protesta sumó el respaldo de sectores clave, como los gremios docentes universitarios y bonaerenses, que anunciaron paros y movilizaciones en reclamo de paritarias, financiamiento educativo y la restitución de fondos recortados. Mientras el oficialismo defiende la reforma como una herramienta necesaria para modernizar un mercado laboral con altos niveles de informalidad, desde la central obrera reclaman un debate amplio y advierten que el Gobierno “nunca generó un ámbito real de discusión”, lo que eleva la presión política en una semana decisiva para el rumbo de la iniciativa.
