A los 45 años, el astro suizo fue exaltado en Newport, Rhode Island, como miembro de la Clase 2026. Con 20 títulos de Grand Slam y 103 coronas en el circuito profesional, “Su Majestad” celebró junto a su esposa Mirka y recordó sus orígenes como alcanzapelotas antes de convertirse en un ícono global.
El tenis mundial vivió una de sus jornadas más trascendentales con la entronización oficial de Roger Federer en el International Tennis Hall of Fame (Salón Internacional de la Fama del Tenis) en Newport, Rhode Island. A los 45 años, el legendario jugador suizo fue homenajeado como la figura estelar de la Clase 2026, recibiendo la máxima distinción institucional para un atleta de la disciplina y sellando con honores una trayectoria que transformó la estética y la competitividad del deporte contemporáneo.
La ceremonia en el césped estadounidense representó la coronación de un camino deportivo sin precedentes. Aquel joven temperamental que asomaba en las canchas de Basilea a finales de los años 90 —y cuyos primeros pasos en el circuito profesional eran seguidos con devoción en los clubes tradicionales de nuestro país y en cada rincón de Tucumán— mutó con el paso de las temporadas en el arquetipo indiscutido del juego limpio, la frialdad en momentos límite y la plasticidad técnica absoluta.
A lo largo de más de dos décadas de competencia al más alto nivel internacional, Federer rubricó cifras superlativas:
- 20 títulos de Grand Slam: incluyendo el récord histórico de 8 conquistas en el césped de la Catedral de Wimbledon.
- 310 semanas al frente del ranking: con una marca aún inalcanzada de 237 semanas consecutivas como número uno del mundo.
- 103 trofeos ATP: consolidándose como el segundo máximo ganador de títulos individuales en la Era Abierta.
- Grand Slam de Carrera: vencedor en las cuatro citas mayores del calendario (Australia, Roland Garros, Wimbledon y US Open).
- Pilar de la Era Dorada: protagonista de una rivalidad irrepetible que elevó la vara atlética junto al español Rafael Nadal y al serbio Novak Djokovic.
El pasaje más íntimo de la velada comenzó antes de que el homenajeado tomara la palabra. Mirka Vavrinec, su esposa y madre de sus cuatro hijos, rompió su habitual perfil reservado para ofrecer un discurso de presentación que conmovió a los presentes: “Nos conocimos en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000. Yo tenía 21 y él 18. En ese momento él tenía cero títulos ATP… Estuve allí para presenciar los 103 que vinieron después. Pero el tenis nunca fue lo que más me impresionó; el hombre detrás de todo esto es aún más extraordinario”, expresó.
Visiblemente emocionado y entre risas cómplices con el auditorio, Federer devolvió el tributo resaltando el rol decisivo de su compañera en cada etapa de su carrera: “Decir que es mi mujer es quedarse muy corto. Ha sido mi entrenadora, mi compañera de peloteo, mi control de realidad y mi estilista. Me enseñó a concentrarme en el tenis y a disfrutar de todo lo demás. Ella y yo nos agarramos de la mano y atravesamos paredes juntos”, manifestó. Asimismo, recordó la logística familiar que implicó competir por el planeta junto a sus dos parejas de mellizos (Myla, Charlene, Leo y Lenny), pasando de los hoteles de concentración a “cambiar pañales y buscar ascensores donde entraran dos carritos dobles”.
En su despedida, Federer dedicó palabras de gratitud a sus padres Robbie y Lynette, a su equipo de entrenadores y a los jóvenes alcanzapelotas: “Yo fui uno de ustedes. Sé lo que se siente estar ahí parado viendo a los profesionales. Los veo y les doy las gracias”, remarcó, antes de cerrar con una certeza que resonó en el mundo del deporte: “Mi etapa como jugador terminó, pero el tenis siempre estará en la intersección de todo lo que más me importa”.
