Tras desvincularse de Alejandro Stoessel como representante y en la previa de su boda con Rodrigo De Paul, la cantante ordenó una revisión contable que reveló que los derechos de su imagen, contratos discográficos y ganancias están bajo sociedades que no le pertenecen.
La cantante y actriz Martina “Tini” Stoessel atraviesa una profunda crisis institucional y familiar luego de ordenar una auditoría contable integral sobre su patrimonio y la gestión comercial que durante años encabezó su padre y exrepresentante, Alejandro Stoessel. La decisión de la artista se produjo tres meses después de haber contratado a un nuevo equipo de representación para dirigir su carrera y en la antesala de su matrimonio con el futbolista Rodrigo De Paul.
El resultado de la pericia documental encendió las alarmas en el entorno de la cantante: según trascendió en la documentación a la que tuvieron acceso medios nacionales, Tini descubrió que no posee bienes, propiedades ni participación accionaria registrada a su nombre en las sociedades comerciales que administran los ingresos multimillonarios de su actividad artística.
El entramado societario y la falta de acceso a las cuentas
El informe técnico arrojó que la totalidad de los derechos económicos derivados de su carrera musical, acuerdos publicitarios, marcas y contratos de imagen pertenecen de manera formal a sociedades donde ella no figura como propietaria ni como accionista. En ese esquema legal, únicamente Alejandro Stoessel cuenta con las facultades formales para percibir las utilidades y dividendos de dichas firmas.
La situación patrimonial expone los siguientes puntos críticos documentados en la auditoría:
- Inexistencia de derechos formales: La artista no figura como titular de las creaciones, regalías de plataformas ni derivados comerciales de su obra artística en los registros de las sociedades intervinientes.
- Bloqueo operativo bancario: Stoessel no contaba con firma ni autorización para realizar movimientos en las cuentas bancarias de las compañías que recaudan el dinero generado por sus giras y producciones discográficas.
- Acceso tardío a fondos propios: Recién en junio de 2026, tras la intervención formal de un equipo de abogados privados, la cantante logró tomar el control de una única cuenta bancaria de titularidad exclusiva.
- Ingresos futuros comprometidos: De acuerdo con los contratos vigentes, la totalidad de los ingresos correspondientes a contratos discográficos pasados y por venir están estipulados para ser cobrados por la firma controlada exclusivamente por su padre.
Según se detalló en el análisis del caso, desde sus inicios infantiles en la televisión hasta su consolidación como referente de la música pop latina con multitudinarios conciertos en estadios de todo el país —incluidos sus recordados pasos con localidades agotadas por el estadio de Central Córdoba en San Miguel de Tucumán—, la intérprete delegó por completo la tutela administrativa y contractual en su progenitor. La firma de cesiones de representación se realizaba bajo un vínculo de estricta confianza familiar, desconociendo el alcance técnico y jurídico que la marginaba de la propiedad formal de sus activos.
Asimismo, los informes revelaron que la cantante se desenvolvía cotidianamente con una tarjeta de crédito sujeta a un límite mensual asignado de cinco mil dólares, manteniéndose al margen de las cifras reales de facturación y del volumen patrimonial acumulado a lo largo de más de una década de trabajo ininterrumpido en la industria del entretenimiento.
El conflicto abre ahora una compleja instancia de negociación extrajudicial y eventual reclamo corporativo entre los representantes legales de la cantante y las estructuras jurídicas montadas por su exmanager, marcando un punto de quiebre definitivo en una de las relaciones profesionales y familiares más visibles del espectáculo argentino.
