La precarización laboral se profundiza en un contexto de caída sostenida del empleo registrado y avance del cuentapropismo como forma de subsistencia.
Según datos del SIPA y la Encuesta de Indicadores Laborales, desde noviembre de 2023 se perdieron al menos 177.000 puestos formales en el sector privado, mientras el monotributo crece como “estrategia de refugio”. En este escenario, la economía de plataformas se consolida como salida laboral, aunque con ingresos cada vez más deteriorados.

El fenómeno se refleja con claridad en el sector del delivery. En un año, la cantidad de repartidores se triplicó: pasó de unos 43.000 a más de 150.000 trabajadores, según datos de Rappi. Sin embargo, la demanda creció muy por debajo de la oferta y el ticket promedio cayó, lo que derivó en un fuerte derrumbe de las comisiones. Hoy, un repartidor necesita realizar alrededor de 454 entregas mensuales —unos quince pedidos diarios, sin días de descanso— para apenas superar la línea de pobreza que mide el INDEC para una familia tipo.
Pese a la saturación del mercado, el ingreso de nuevos trabajadores no se detiene. Las ventas de motos de baja cilindrada, utilizadas mayormente como herramienta de trabajo, crecieron un 15% interanual en enero y concentran cerca del 60% de los patentamientos. Con salarios que pierden frente a la inflación, paritarias demoradas y sin señales de recuperación del empleo formal, el mercado laboral muestra una paradoja cada vez más marcada: crecen el subempleo y el pluriempleo, mientras amplios sectores de la clase media recurren al “rebusque” para no caer en la pobreza.
