El Gobierno decidió postergar la difusión del nuevo índice de inflación tras la sorpresiva renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec. La medición de enero se publicará con la metodología vigente desde 2004.
La decisión se tomó a último momento y generó sospechas en el mercado, aunque por ahora no hubo un impacto directo en acciones y bonos. El propio ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció que el cambio respondió a la necesidad de acompañar el proceso de desinflación, una prioridad política del Ejecutivo de Javier Milei de cara a 2026. Desde el Gobierno admiten que la nueva canasta hubiera mostrado índices más elevados en el corto plazo.

Según estimaciones privadas, como las del econometrista Martín Rozada (Universidad Di Tella), si se hubiera aplicado la actualización de ponderaciones basada en los hábitos de consumo de 2017-2018, la inflación de 2025 habría sido del 33,6% en lugar del 31,5% oficial. Esto implica una diferencia de más de dos puntos porcentuales, reflejando un mayor peso de los servicios frente a los bienes.
Entre los principales cambios, los alimentos perderían participación en el índice, mientras que rubros como alquileres, combustibles y servicios públicos ganarían relevancia. En particular, los alquileres duplicarían su peso en el IPC, pasando del 3% al 6%. Desde el Banco Central advirtieron que, con la nueva metodología, las subas tarifarias y los ajustes salariales impactarían con mayor fuerza en la inflación medida oficialmente.
Fuente: infobae.com
