El Consejo de Seguridad de la ONU celebrará una sesión extraordinaria para analizar la situación interna de Irán, marcada por semanas de protestas masivas, una fuerte represión del régimen y un deterioro del escenario de seguridad. El encuentro tendrá como eje un informe actualizado sobre la crisis política y social, en un contexto de creciente preocupación internacional por la escalada de violencia.

En paralelo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que la represión “parece estar disminuyendo” y que el régimen iraní habría decidido no avanzar con ejecuciones de manifestantes, aunque aclaró que Washington verificará esa información. Sin embargo, la tensión regional se mantuvo alta tras el cierre temporal del espacio aéreo iraní durante casi cinco horas, una medida que afectó vuelos comerciales y alimentó las especulaciones sobre una posible acción militar estadounidense.

La presión externa se suma al endurecimiento interno del régimen. El jefe del Poder Judicial iraní anunció juicios expeditivos contra detenidos acusados de “guerra contra Dios”, mientras las autoridades reconocieron unas 2.000 muertes durante los disturbios. Organismos independientes elevaron esa cifra a más de 2.500 fallecidos y denunciaron miles de detenidos, datos que serán parte central del debate en Naciones Unidas.