El avance de los incendios en Chubut, que ya consumieron unas 22.000 hectáreas, está provocando transformaciones profundas y, en muchos casos, irreversibles en el paisaje cordillerano. Investigadores advierten que la combinación de crisis climática, mayores temperaturas, menor régimen de lluvias y expansión urbana genera condiciones propicias para fuegos cada vez más severos, que afectan de manera directa a los bosques nativos del norte patagónico.
Las áreas alcanzadas —entre ellas el Parque Nacional Los Alerces y las localidades de Epuyén, El Hoyo, Puerto Patriada y El Turbio— albergan especies autóctonas como cipreses, coihues y lengas, mezcladas con pinos implantados hace décadas con fines forestales. Estos últimos, altamente inflamables y favorecidos por el calor extremo, se expanden con rapidez tras los incendios. Según datos del Conicet, en zonas como Puerto Patriada se pasó de miles de coihues por hectárea a más de 100.000 pinos, lo que configura un escenario que potencia la recurrencia y violencia de futuros focos ígneos.
Especialistas alertan que la reiteración de incendios reduce la resiliencia del territorio y dificulta la regeneración natural de las especies nativas, ya que muchos árboles mueren sin llegar a producir semillas. En su lugar, avanzan matorrales y especies invasoras, que conforman un paisaje cada vez más inflamable. “Los bosques nativos están desapareciendo y es muy posible que no podamos recuperarlos”, advirtieron investigadores, que subrayan la necesidad de planes de manejo preventivo para frenar la expansión del pino y evitar la pérdida definitiva de ecosistemas clave en la Patagonia.
