Científicos del Conicet en Mendoza desarrollaron un proceso que transforma residuos de yerba mate en bioaceite, una alternativa renovable a los combustibles fósiles con potencial para su uso en energía, plásticos y otros insumos industriales. Mediante la técnica de pirólisis —que degrada biomasa sin oxígeno— logran obtener bioaceite, biochar y gas combustible, aprovechando uno de los desechos más abundantes del país y promoviendo un modelo de economía circular.
El proyecto, liderado por Martín Palazzolo en el Instituto de Biología Agrícola de Mendoza (IBAM), ya fue validado en laboratorio y cuenta con una minirefinería experimental. El gas generado alimenta el propio sistema, mientras que el biochar se investiga como mejorador de suelos agrícolas. El bioaceite, tras un tratamiento catalítico, puede adaptarse a estándares industriales y destinarse a combustibles, envases biodegradables, electrónica y aditivos alimentarios.
La iniciativa se enmarca en el concepto de biorefinerías, que busca reemplazar progresivamente recursos fósiles por materias primas renovables. Publicado en la revista Waste Management, el avance posiciona a Mendoza como un polo de desarrollo en energías limpias y biotecnología. Aunque aún resta escalar la tecnología a nivel industrial, los investigadores destacan que parte del conocimiento de la industria petrolera puede facilitar la transición hacia procesos más sostenibles.
