La apertura de las importaciones comenzó a sentirse con fuerza en los supermercados argentinos, donde creció la presencia de alimentos del exterior que ya compiten directamente con la producción nacional. En las góndolas se multiplicaron productos de almacén, bebidas, conservas y lácteos, con el regreso de marcas extranjeras como la uruguaya Conaprole, además de atunes importados desde Ecuador y cafés europeos como Lavazza. En varios casos, estos productos se ofrecen a precios entre un 15% y un 30% más bajos que los locales, lo que favoreció su rápida rotación.

El fenómeno también alcanzó a frutas, verduras y carne. Se incrementó el ingreso de naranjas y mandarinas de España, manzanas chilenas y bananas ecuatorianas, mientras que las importaciones de carne vacuna crecieron un 580% interanual en 2025, con Brasil como principal proveedor. Aunque el volumen todavía representa una porción menor del consumo interno, el dato es significativo en un país históricamente productor de carne y generó preocupación en sectores de la industria local.

Según el CEPA, la apertura comercial derivó en un récord histórico de importaciones de bienes de consumo entre enero y septiembre, con USD 8.376 millones, un 25% más que el máximo previo de 2018. Dentro de ese total, los productos alimenticios aumentaron 77,4% interanual y ya explican más del 16% de las compras externas. Mientras el Gobierno destaca que la mayor competencia ayuda a contener precios y ampliar la oferta, la industria nacional advierte sobre la presión que genera en empresas que enfrentan costos más elevados.