Aumentó el precio internacional de la carne pero Argentina exportó menos volumen. China limita el cupo y Estados Unidos no cumple su promesa.

Pese a que los precios internacionales de la carne vacuna aumentaron más de un 38% en el último año, el ingreso de divisas para Argentina creció apenas un 22%, reflejando una caída en los volúmenes exportados. A nivel interno, el impacto se siente con fuerza en el consumo: en una década, el promedio por habitante pasó de casi 60 kilos anuales a apenas 44 en 2024. La suba de precios, muy por encima de los salarios, dejó al tradicional asado cada vez más lejos de la mesa de los argentinos.

Mientras China —principal destino de las exportaciones— impuso límites a las importaciones, el sector cárnico atraviesa un escenario de incertidumbre y reclama mayor orden y planificación estatal. Aunque el negocio sigue siendo superavitario, la falta de una estrategia clara genera tensiones entre productores y exportadores. A diferencia de otros países ganaderos, Argentina no logra equilibrar exportaciones con abastecimiento interno, afectando tanto el mercado local como las oportunidades externas.

La comparación regional expone las falencias del modelo actual: Uruguay, con un territorio y rodeo mucho menores, exporta casi lo mismo que Argentina y, al mismo tiempo, mantiene un mayor consumo interno. Especialistas advierten que una política integral que impulse la producción, reduzca costos y articule al sector permitiría mejorar las exportaciones sin encarecer la carne para los consumidores. Sin planificación, el deterioro del poder adquisitivo y de la calidad alimentaria seguirá profundizándose.