La temporada 2026 de la Formula 1 comenzará el próximo fin de semana en Australia, pero la escalada del conflicto en Medio Oriente complicó la logística de los equipos.
El ataque coordinado de Estados Unidos e Israel sobre Irán derivó en el cierre de espacios aéreos clave y alteró las rutas habituales entre Europa y Oceanía. Como consecuencia, vuelos con personal y carga técnica quedaron varados en aeropuertos de la región o directamente no recibieron autorización para despegar, generando incertidumbre a días del arranque del campeonato.

La tensión impacta de forma directa en Bahréin, donde hasta la semana pasada se realizaron los ensayos oficiales en el Circuito Internacional de Bahréin. Un misil iraní cayó a unos 25 kilómetros del trazado, encendiendo las alarmas en el paddock. Allí permanece parte del equipamiento que debe ser trasladado a Melbourne, mientras que el Gran Premio de Bahréin figura como la cuarta fecha del calendario. Por ahora no hay confirmación de daños en las instalaciones ni cambios oficiales en el cronograma.
El mayor desafío no pasa solo por mover a pilotos y mecánicos, sino por garantizar el arribo de autos, repuestos y estructuras de boxes. Con restricciones para sobrevolar territorio ruso y corredores cerrados en Medio Oriente, las escuderías evalúan rutas alternativas más extensas, incluso con desvíos vía Sudamérica o conexiones a través de África. Opciones más costosas y largas que reflejan cómo un conflicto geopolítico puede impactar de lleno en la categoría reina del automovilismo mundial.
