El uso del celular durante las comidas se ha convertido en un hábito cada vez más frecuente, pero diversos estudios advierten que puede afectar tanto la experiencia emocional como los hábitos alimentarios.

Según un informe conjunto de IKEA, la Sociedad Española de Neurología y otras instituciones, la presencia de pantallas reduce la alegría durante las comidas en un 32% y aumenta los niveles de estrés, generando una experiencia más plana y menos satisfactoria.

Además, mirar el celular mientras se come fragmenta la atención y dificulta la degustación consciente de los alimentos. Esto provoca que el cerebro procese peor los sabores y la sensación de saciedad, favoreciendo una relación más automática con la comida y, a largo plazo, patrones menos saludables. El efecto es aún más marcado en jóvenes, donde el impacto negativo de las pantallas durante las comidas es considerablemente mayor.

Por otro lado, la digitalización ha transformado el acto de comer en una experiencia más individual y menos social. El uso del celular en la mesa no reemplaza la interacción humana, que sigue siendo clave para el bienestar emocional y hábitos alimentarios saludables. Por eso, los especialistas recomiendan promover espacios libres de pantallas y priorizar la compañía, ya que compartir la comida mejora tanto la salud mental como la calidad de la alimentación.