Aunque la inteligencia artificial se presenta como una herramienta para aumentar la productividad, estudios recientes muestran un efecto contrario: muchos trabajadores terminan dedicando más horas a sus tareas.

Según un análisis de The Guardian, el fenómeno del “workslop” o trabajo deficiente —contenido generado por IA con errores o baja calidad— obliga a los empleados a revisar, corregir o rehacer tareas, incrementando la carga laboral.

Además, informes como el “State of the Workplace 2026” del Productivity Lab de ActivTrak indican que la automatización extendió la jornada laboral hacia los fines de semana. Los trabajadores dedican hasta un 46% más de tiempo los sábados y un 58% más los domingos, debido a la necesidad de supervisar sistemas, corregir resultados y responder en tiempo real, lo que reduce los períodos de descanso.

A esto se suma una brecha entre la visión de los directivos y la experiencia de los empleados. Mientras las empresas invierten en IA esperando eficiencia, muchos equipos enfrentan más tareas y responsabilidades. Según estudios vinculados al MIT, la mayoría de las organizaciones aún no recupera su inversión, lo que plantea el desafío de encontrar un equilibrio entre productividad y calidad de vida en el entorno laboral.