Un avance tecnológico liderado por la investigadora Nejila Parspour, de la Universidad de Stuttgart, logró que la carga inalámbrica para autos eléctricos alcance una eficiencia del 95% en modo estacionario y del 90% en movimiento.

Esta innovación, basada en la inducción magnética, permite transferir energía sin cables ni conectores, posicionándose al nivel de los sistemas tradicionales y abriendo nuevas posibilidades para la movilidad eléctrica.

El sistema funciona mediante bobinas que generan y reciben campos magnéticos, lo que permite transmitir electricidad a través del aire. Entre sus principales ventajas se destacan la mayor comodidad, la reducción de fallas asociadas a los cables y una mejora en la seguridad y eficiencia. Además, posibilita que los vehículos se carguen automáticamente al estacionar e incluso mientras circulan, lo que podría reducir el tamaño y costo de las baterías.

La tecnología también habilita funciones como la bidireccionalidad energética, permitiendo que los autos devuelvan electricidad a la red. Empresas como Tesla ya exploran su uso, mientras que también se aplica en sectores industriales y médicos. Aunque su desarrollo técnico está avanzado, los principales desafíos para su adopción masiva siguen siendo la infraestructura y la regulación, claves para expandir esta innovación a gran escala.