Antes que el mercado festejara la desaceleración de la inflación y la mejora en la acumulación de reservas, una nueva señal comenzó a generar preocupación entre los analistas: la debilidad de la inversión.

Si bien el equipo económico logró despejar parte de las dudas que existían a fines del año pasado, persisten interrogantes sobre la capacidad de la economía para sostener un crecimiento de largo plazo.
La principal alerta proviene de la inversión real, que acumula cuatro trimestres consecutivos de caída interanual. En el primer trimestre de 2026 retrocedió cerca del 11% respecto del mismo período del año anterior, impulsada principalmente por la menor compra de equipos y bienes de capital para la industria. Para economistas como Martín Polo, de Cohen Aliados Financieros, esta tendencia refleja una economía con fuertes desequilibrios, donde apenas algunos sectores muestran dinamismo mientras el resto continúa rezagado.
Polo advirtió que el crecimiento de la inversión, que tiempo atrás avanzaba a tasas cercanas al 30%, pasó a registrar una contracción de dos dígitos, lo que representa una “luz amarilla” para el mediano plazo. Según el economista, la evolución de los indicadores de inversión genera dudas sobre la posibilidad de sostener la recuperación de la actividad si esta tendencia no se revierte en los próximos meses.
En la misma línea, Roberto Cachanosky diferenció el actual proceso de reactivación del verdadero crecimiento económico. Explicó que, aunque el PBI acumula siete trimestres consecutivos de expansión desestacionalizada, la caída de la inversión demuestra que la economía está utilizando capacidad ociosa más que ampliando su capacidad productiva. Además, remarcó que el crecimiento del 2,3% registrado en el primer trimestre estuvo impulsado por apenas cinco sectores que representan solo el 17% del PBI.
Entre las actividades que mostraron un mejor desempeño se encuentran la pesca, el agro, la minería, las finanzas y el servicio doméstico. En contraste, sectores de mayor peso como la industria manufacturera, el comercio, los servicios y la administración pública registraron caídas, lo que evidencia una recuperación desigual y concentrada en pocas ramas de la economía.
Otro dato que preocupa a los analistas es que la inversión representa apenas el 17% del PBI, un nivel considerado insuficiente para sostener un crecimiento económico robusto. Según la consultora LCG, los incentivos fiscales, como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), todavía tienen un impacto limitado sobre la actividad. Los especialistas coinciden en que para consolidar una expansión sostenida la inversión debería ubicarse, al menos, por encima del 20% del PBI, e incluso acercarse al rango de entre el 25% y el 30%.
