En un contexto de fuerte aumento de la morosidad, cada vez más familias argentinas enfrentan el dilema de pagar solo el mínimo de la tarjeta de crédito o refinanciar la deuda.

La decisión, que suele tomarse para aliviar el bolsillo en el corto plazo, puede tener un impacto significativo sobre las finanzas personales.

De acuerdo con datos del Banco Central, la mora de los hogares pasó del 2,5% en octubre de 2024 al 11,2% en febrero de 2026, mientras que la irregularidad en las tarjetas de crédito alcanzó el 11,6%. El escenario refleja un mayor nivel de endeudamiento de las familias y un uso creciente del crédito para afrontar gastos cotidianos.

Especialistas advierten que pagar únicamente el monto mínimo mantiene la cuenta al día, pero deja el saldo restante sujeto a tasas de interés muy elevadas, lo que provoca que la deuda continúe creciendo mes a mes. En muchos casos, el costo financiero total supera ampliamente el 100% anual, incrementando el monto a cancelar en el largo plazo.

Como alternativa, la refinanciación permite convertir el saldo pendiente en un plan de cuotas fijas con tasas, por lo general, inferiores a las de la financiación automática de la tarjeta. Si bien esta opción facilita la organización de los pagos y reduce el impacto de los intereses, también limita el crédito disponible y no elimina la deuda, sino que la reestructura.

Los especialistas recomiendan analizar el costo financiero total antes de aceptar una refinanciación y comparar esa opción con otras alternativas de crédito, como los préstamos personales, que en algunos casos ofrecen tasas más convenientes. También aconsejan refinanciar antes de acumular atrasos para acceder a mejores condiciones.

En este escenario, coinciden en que utilizar el pago mínimo como estrategia permanente es la alternativa más costosa, ya que prolonga el endeudamiento y encarece la deuda. En cambio, una refinanciación planificada y acompañada por un uso más responsable de la tarjeta puede ayudar a recuperar el equilibrio de la economía familiar.