El sector gastronómico atraviesa uno de los momentos más difíciles de los últimos años.

Según referentes de la actividad, bares y restaurantes registran una caída del consumo de entre el 30% y el 40% respecto de hace dos años, producto de la pérdida del poder adquisitivo, la reducción del turismo y un cambio en los hábitos de los consumidores, que hoy priorizan el precio y moderan sus gastos al momento de salir a comer.
Desde la Cámara de Restaurantes advirtieron que la demanda se volvió muy irregular y que la recuperación aún no aparece en el horizonte. Además de la menor cantidad de clientes, los establecimientos enfrentan una baja del ticket promedio, ya que los comensales eligen opciones más económicas, reducen el consumo de bebidas y postres y buscan promociones para contener el gasto.
Frente a este escenario, el sector intensificó las estrategias comerciales para sostener la actividad. Menús ejecutivos, descuentos con bancos y billeteras virtuales, promociones por días específicos y programas de fidelización forman parte de las herramientas más utilizadas. Sin embargo, los empresarios sostienen que estas medidas apenas amortiguan el impacto de la retracción del consumo y no alcanzan para revertir la tendencia.
La situación también está condicionada por el aumento de los costos operativos. Alquileres, salarios, servicios e impuestos continúan presionando sobre la rentabilidad, mientras que algunos insumos clave, como la carne, registraron fuertes incrementos en los últimos meses. Ante este escenario, muchos establecimientos optaron por reducir gastos e incluso ajustar sus planteles de personal para mantenerse en funcionamiento.
Los referentes del sector también reclaman cambios en materia tributaria y financiera. Consideran que la elevada presión impositiva y los mecanismos de embargo dificultan la continuidad de numerosas empresas, especialmente las pequeñas y medianas. En ese sentido, proponen medidas que alivien la carga fiscal y mejoren la competitividad de una actividad que se caracteriza por su alta capacidad para generar empleo formal.
A este panorama se suma la menor afluencia de turistas, especialmente en los principales corredores gastronómicos de la Ciudad de Buenos Aires, donde la facturación se resintió por la caída del turismo receptivo. Aunque valoran algunos avances en la estabilidad macroeconómica, los empresarios coinciden en que la economía real todavía no muestra señales de recuperación y advierten que, sin una mejora del consumo interno, una parte importante del sector continuará enfrentando un escenario crítico.
