La caída del poder adquisitivo y el aumento de tarifas obligan a los hogares argentinos a ajustar cada vez más sus gastos.

Actualmente, una parte creciente de los ingresos se destina a cubrir costos fijos como servicios, transporte y vivienda, lo que reduce significativamente el dinero disponible para otros consumos.

Según datos del Observatorio de Tarifas y Subsidios (UBA-Conicet), en mayo una familia del AMBA necesitó cerca de $249.834 para cubrir gastos energéticos, transporte y agua. Estos gastos representan en promedio el 24% del ingreso familiar, cuando hace dos años eran alrededor del 15%, lo que evidencia un fuerte incremento en la carga de los costos básicos.

El ingreso disponible —es decir, el dinero que queda luego de pagar alquiler y servicios— se encuentra estancado desde hace varios meses y por debajo de niveles de 2023. Esta situación se explica por la inflación reciente y el ajuste de precios, que hicieron que los salarios pierdan frente al aumento del costo de vida.

Ante este escenario, muchas familias priorizan el pago de servicios esenciales y reducen gastos en áreas como salud, alimentos y consumo general. Diversos estudios señalan que una gran mayoría de trabajadores considera insuficiente su salario, y que el dinero no alcanza para cubrir más de dos semanas de gastos.

Además, el impacto se refleja en la imposibilidad de ahorrar: 9 de cada 10 argentinos no logran hacerlo. Entre quienes sí pueden, el ahorro es mínimo, lo que muestra un panorama de fuerte restricción económica en los hogares y una creciente dificultad para sostener el nivel de vida.