Casas impresas en 3D: la tecnología de US$ 800.000 que levanta muros en 48 horas y apunta a la Argentina
Foto: Redacción Radio Contacto 104.5 MHz
: Una compañía española de sistemas de impresión 3D busca desembarcar en el país antes de fin de año con una tecnología probada en Brasil. El sistema produce componentes de hormigón fuera de obra para reducir tiempos y costos, abriendo el debate sobre su viabilidad frente a los métodos tradicionales en medio de los desafíos económicos locales.
La búsqueda de alternativas para abaratar costos y acelerar los plazos de ejecución es una constante en la industria de la construcción. En ese escenario, la impresión 3D aplicada a la vivienda avanza desde las pruebas piloto hacia modelos de industrialización a escala. Con antecedentes directos en Brasil —donde se construyeron desde viviendas sociales de 58 metros cuadrados hasta residencias de más de 400 metros cuadrados—, una empresa de origen español proyecta su desembarco en la Argentina antes de que finalice el año.
Se trata de la tecnología desarrollada por la firma Cosmos 3D, un sistema que requiere una inversión inicial de aproximadamente US$ 800.000 en maquinaria y apunta de manera directa a constructoras, desarrolladores y proyectos de gran envergadura capaces de amortizar semejante desembolso.
A diferencia de otras experiencias que utilizan impresoras de gran porte directamente sobre el terreno, la propuesta de esta compañía consiste en fabricar los muros y componentes estructurales en un entorno controlado, es decir, una planta de producción modular. Según la información difundida por la empresa, los muros de una vivienda de unos 120 metros cuadrados pueden imprimirse en apenas 48 horas.
No obstante, los especialistas aclaran que ese plazo corresponde estrictamente a la fase de fabricación de las paredes. Posteriormente, el proceso demanda etapas complementarias inevitables: el curado de las piezas de hormigón, el traslado logístico hasta el terreno, el montaje, la ejecución de techos, las aberturas y la instalación de los servicios sanitarios y eléctricos, rubros que desde el diseño buscan optimizarse para recortar los tiempos de obra en comparación con la construcción húmeda tradicional.
El contexto regional y las alternativas en el país
La gran vidriera de esta tecnología en Sudamérica ha sido Brasil. En localidades paulistas como São Simão se levantaron complejos de viviendas sociales, mientras que en el estado de Minas Gerais se concretó una lujosa residencia de 420 metros cuadrados. Para los impulsores de la llegada de esta maquinaria al país, el verdadero valor radica en transformar la impresión 3D en un modelo repetible y escalable, capaz de reducir los costos globales entre un 30% y un 40% en desarrollos masivos gracias a la disminución de tareas manuales.
Sin embargo, el panorama local presenta matices y antecedentes propios que ya debaten la viabilidad del sector. En la Argentina conviven distintas propuestas tecnológicas: por un lado, firmas como Grondplek —coempredida por Mateo Salvatto con tecnología de la danesa Cobod— operan con impresoras gigantes que trabajan in situ; por el otro, emprendimientos nacionales como Barrobot, desarrollados en la provincia de Córdoba, apuestan a la sustentabilidad utilizando mezclas de tierra, arena y fibras vegetales para levantar estructuras de hasta 80 metros cuadrados orientadas a la autoconstrucción.
Los interrogantes de la industria local
Pese al atractivo que despierta la promesa de imprimir los muros de una casa en dos días, el gran desafío pasa por mensurar cómo impactarán los costos logísticos, la carga impositiva, la normativa vigente y la escala de los proyectos locales en la competitividad de estas tecnologías.
Hasta el momento, no existen mediciones en el mercado argentino que permitan contrastar los porcentajes de ahorro que promete la empresa extranjera frente al ladrillo tradicional. El interrogante principal que se plantea en el sector es si una inversión inicial de US$ 800.000 podrá insertarse con éxito en una plaza con desafíos macroeconómicos complejos, o si quedará restringida a nichos muy específicos de la construcción industrializada.
