Un estudio publicado por Allianz Trade encendió las alarmas sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial al revelar que los centros de datos generaron alrededor de 286 millones de toneladas de dióxido de carbono durante 2025, una cifra muy superior a las estimaciones realizadas por organismos internacionales.

El informe señala que el crecimiento acelerado de la infraestructura digital y la expansión de la inteligencia artificial han convertido a los centros de datos en importantes emisores de gases de efecto invernadero, debido a su elevada demanda energética.

Actualmente, entre el 15 % y el 20 % del consumo eléctrico de estos complejos está relacionado con tareas de inteligencia artificial, aunque los especialistas advierten que esa proporción podría alcanzar el 40 % para 2030.

Además del consumo de energía, el funcionamiento de los centros de datos requiere enormes cantidades de agua para refrigerar los servidores. Según las proyecciones, entre 2023 y 2030 podrían utilizar entre 1,3 y 1,8 billones de litros de agua, un volumen comparable al consumo anual de países enteros.

La creciente demanda de recursos genera preocupación en regiones afectadas por sequías y escasez hídrica, especialmente en Estados Unidos, donde las comunidades locales también denuncian problemas como el aumento del costo de la electricidad, la contaminación sonora y la depreciación de las viviendas cercanas.

El avance de estos proyectos provocó protestas en varios estados norteamericanos, como Texas y Ohio. De acuerdo con una encuesta de la Universidad de Texas, más de la mitad de los ciudadanos se opone a la instalación de nuevos centros de datos en sus comunidades.

Los expertos advierten que el impacto económico y ambiental de la inteligencia artificial seguirá creciendo en los próximos años. Según el estudio, los daños climáticos vinculados a estas infraestructuras ya alcanzan los 68.000 millones de dólares anuales y podrían superar los 154.000 millones hacia 2030.