Las estimaciones privadas coinciden en que la inflación de febrero se mantuvo en niveles similares a enero, cuando el IPC marcó 2,9%, desafiando la proyección de 2,1% que había anticipado el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central de la República Argentina.
Consultoras como Equilibra y C&T registraron subas mensuales de 2,9%, mientras que Libertad y Progreso y Analytica estimaron 2,8%, y Econviews se mostró algo más optimista con 2,4%. De confirmarse estos números, la variación interanual se ubicaría en torno al 30%–33%, consolidando un escenario de desaceleración lenta pero todavía inestable.

El principal impulso provino de los precios regulados —con alzas en tarifas de luz, gas y transporte público— y del rubro alimentos y bebidas, donde la carne volvió a destacarse con incrementos cercanos al 8%. También impactaron ajustes salariales en encargados de edificios y personal de casas particulares, que presionaron sobre vivienda y servicios. En contraste, indumentaria mostró bajas estacionales y algunas verduras retrocedieron casi 10%, amortiguando parcialmente el índice general.
En términos estructurales, los analistas advierten un cambio en los precios relativos: bienes como ropa y durables pierden peso en la canasta, mientras servicios, alquileres y alimentos ganan incidencia en el gasto familiar. Aunque algunos relevamientos detectaron semanas de moderación e incluso leves retrocesos, los repuntes al inicio y cierre del mes evitaron una baja más marcada. El resultado final deja al Gobierno ante el desafío de sostener la desaceleración en un contexto de ajustes tarifarios y recomposición de precios clave.
