La CGT endureció su postura frente a la inminente votación de la reforma laboral en el Senado y, a través de uno de sus cosecretarios generales, Octavio Argüello, advirtió que intentará bloquear el proyecto “hasta el último minuto”.

El dirigente camionero aseguró que la central sindical continuará la pelea “en todos los ámbitos”: legislativo, judicial y en la calle, pese a reconocer que el escenario parlamentario es adverso. Tras el paro general de la semana pasada, que calificó como uno de los más contundentes de los últimos tiempos, admitió que será difícil impedir la sanción definitiva, aunque insistió en que agotarán todas las instancias.

En paralelo, la central obrera redobló la presión sobre gobernadores que facilitaron votos para el avance del proyecto y los acusó de haber priorizado acuerdos con la Casa Rosada por obras o financiamiento antes que la defensa de los derechos laborales. Argüello apuntó especialmente contra mandatarios de provincias como Salta, Catamarca, Tucumán, Chubut y Santa Cruz, a quienes tildó de “entreguistas” por habilitar el respaldo legislativo a una norma que, según sostuvo, implica un retroceso histórico para los trabajadores. También cuestionó la falta de diálogo real con el Gobierno y justificó la salida de la CGT del Consejo de Mayo por considerarlo un ámbito de imposiciones.

Las críticas no se limitaron al oficialismo y a los mandatarios provinciales: el dirigente sindical cargó además contra el peronismo por su falta de coordinación política frente a la reforma. Señaló que el PJ “debe ordenarse” y dejar de lado disputas internas que, a su entender, lo debilitan en un momento clave. En particular, cuestionó al bloque que conduce José Mayans en el Senado por no haber impulsado una estrategia legislativa alternativa ni haber tenido mayor presencia en la Comisión de Trabajo. Para la CGT, el conflicto dejó en evidencia no sólo la fortaleza parlamentaria del oficialismo, sino también la crisis de liderazgo y articulación en la oposición.