La economía argentina cerró 2025 con avances parciales y fuertes contrastes en sus principales variables, en un año atravesado por la volatilidad financiera, la redefinición de prioridades oficiales y un delicado equilibrio entre estabilidad y rezagos estructurales. El recorrido del dólar, la inflación, las reservas, el riesgo país y las tasas en pesos dejó un balance mixto: hubo desaceleración de precios, cierta calma cambiaria y un rally de activos financieros, pero también una persistente debilidad en la acumulación de reservas, que se consolida como la principal deuda del programa económico de cara a 2026.

En el frente cambiario, el dólar mostró una estabilidad relativa a lo largo del año. El tipo de cambio oficial y el mayorista avanzaron en torno al 40% anual, por debajo de los registros históricos y en línea con una inflación esperada del 30%, mientras que los dólares financieros subieron aún menos y permitieron mantener una brecha acotada. La combinación de un crawling peg del 1% mensual durante el primer semestre y la posterior implementación de una banda de flotación tras el levantamiento del cepo funcionó como ancla nominal y favoreció rendimientos en dólares para instrumentos selectivos. En paralelo, la inflación desaceleró con fuerza respecto de años previos, producto del reordenamiento de precios relativos y una política monetaria contractiva, aunque los analistas advierten que sostener esa tendencia en 2026 dependerá de mantener expectativas ancladas, credibilidad y un mayor respaldo en reservas.

Justamente, el flanco más débil del año fue el de las reservas internacionales. Si bien la posición neta del Banco Central mejoró respecto de 2024, el nivel sigue siendo negativo y lejos de las metas acordadas con el FMI. La recomposición se apoyó más en préstamos y financiamiento de corto plazo que en una acumulación genuina vía superávit externo. Con reservas netas aún en terreno negativo y un amplio desvío respecto de los objetivos oficiales, el Gobierno anunció un giro de prioridades hacia 2026, con la meta explícita de comprar USD 10.000 millones para fortalecer el balance del BCRA y consolidar el esquema macroeconómico.

En los mercados financieros, el riesgo país reflejó la sensibilidad de los activos argentinos al ciclo político y a la liquidez. Tras superar los 1.400 puntos en el pico de la incertidumbre electoral, el indicador cerró el año en torno a los 570 puntos, impulsado por un fuerte rally de bonos soberanos que superaron el desempeño de otros emergentes. Sin embargo, la confianza sigue atada a la capacidad de cumplir con los vencimientos de deuda y evitar el uso sistemático de reservas. En paralelo, las tasas en pesos atravesaron episodios de extrema volatilidad, con picos elevados en momentos de stress financiero y una tendencia a la normalización hacia fin de año. El cierre de 2025 deja así un escenario de oportunidades selectivas, pero también desafíos estructurales que condicionarán la estabilidad y el crecimiento en el próximo ciclo económico.