El envejecimiento de la población argentina está generando un cambio profundo en la dinámica familiar. Cada vez más hijos y nietos asumen el cuidado de padres y abuelos mientras intentan sostener sus trabajos, sus propias familias y otras responsabilidades cotidianas. Según datos del Censo 2022, las personas de 60 años o más representan el 16,2% de la población, una proporción que seguirá creciendo en las próximas décadas.

Para muchas familias, esta realidad implica una reorganización completa de la vida diaria. La coordinación de turnos médicos, medicamentos, estudios y acompañantes se ha convertido en una tarea permanente que demanda tiempo, esfuerzo y una gran carga emocional. En muchos casos, los cuidados son compartidos entre varios familiares para poder afrontar las exigencias que supone acompañar a una persona mayor.
El impacto económico también es significativo. Contratar una cuidadora de adultos mayores tiene un costo mensual que supera los $480.000 con retiro y los $530.000 sin retiro. Cuando se requiere asistencia durante gran parte del día o cobertura permanente, las familias suelen necesitar más de un cuidador, por lo que el gasto puede superar fácilmente el millón de pesos por mes.
A esta situación se suma otro desafío: la falta de coordinación entre los distintos profesionales que intervienen en la atención de los adultos mayores. Especialistas en gerontología advierten que muchas personas consultan a numerosos médicos sin una mirada integral de su salud, lo que puede derivar en tratamientos superpuestos, exceso de medicación y dificultades para abordar problemas vinculados a la nutrición, la salud mental o el aislamiento social.
La escasez de especialistas también preocupa. En Argentina existen alrededor de 7.000 médicos geriatras para una población estimada de siete millones de personas mayores. Esta brecha refleja la creciente demanda de atención especializada en un contexto donde el envejecimiento avanza más rápido que la formación de nuevos profesionales.
Además del impacto sobre los adultos mayores, los expertos alertan sobre el desgaste físico y emocional que sufren quienes cuidan. El agotamiento, la ansiedad, la pérdida de espacios personales y el llamado “duelo anticipado” son cada vez más frecuentes. Frente a este escenario, comienzan a surgir modelos de atención integral que buscan acompañar tanto a las personas mayores como a sus familias, con el objetivo de mejorar la calidad de vida y aliviar la carga que hoy recae principalmente sobre los cuidadores.
