La industria cervecera atraviesa una crisis prolongada que se arrastra desde la recesión de 2024 y que en 2025 volvió a mostrar números en rojo. La caída del consumo, el aumento de costos y el avance del contrabando golpean por igual a grandes fabricantes y a productores artesanales, que coinciden en que la reconversión del negocio es hoy la única vía para sostener la actividad, sin expectativas de un repunte significativo en el corto plazo.

El impacto también se refleja en la cadena productiva. La molienda e industrialización de cebada cervecera cerró 2025 con una caída estimada del 17% interanual y del 23% respecto del promedio histórico, según el analista Javier Preciado Patiño. A la retracción de la demanda se sumaron el ingreso de cerveza importada —legal e ilegal— y la pérdida de competitividad exportadora, factores que alejaron al sector de su techo habitual cercano al millón de toneladas anuales.

En el segmento artesanal, la situación es aún más delicada. Con un consumo masivo en retroceso y un canal gastronómico debilitado, muchas cervecerías cerraron o redujeron operaciones. Las que siguen activas avanzan en alianzas productivas, centralización de plantas y diversificación de la oferta, con más presencia en supermercados y nuevos productos como cervezas sin alcohol, sin gluten y otras bebidas listas para consumir. De cara a 2026, el sector no espera una recuperación firme y advierte que la caída del poder adquisitivo seguirá condicionando la demanda.