La inflación en Argentina continúa mostrando una tendencia descendente y podría ubicarse por debajo del 2% mensual en los próximos meses.

Sin embargo, los analistas advierten que el proceso de desaceleración enfrenta dificultades debido a la persistencia de factores estructurales que mantienen la dinámica de los precios por encima de los niveles observados en la mayoría de los países.

Economistas coinciden en que reducir una inflación muy elevada resulta más sencillo que llevarla a niveles bajos y estables. Por ese motivo, aunque el Gobierno logró una importante baja respecto de los registros heredados al inicio de la gestión de Javier Milei, las proyecciones para 2026 siguen ubicándose cerca del 30%, una cifra similar a la prevista para 2025.

Según distintas consultoras, la principal explicación es la llamada inflación “pegajosa”, un fenómeno que refleja la fuerte inercia de los precios. Esto implica que, aun cuando desaparecen algunos factores que impulsaron aumentos temporales, los bienes y servicios continúan ajustándose a un ritmo relativamente alto durante varios meses.

Los especialistas señalan que esta persistencia está vinculada a la rigidez de precios y salarios, además de las expectativas inflacionarias acumuladas. Como consecuencia, la inflación subyacente se mantiene cerca del 2% mensual, dificultando una reducción más acelerada hacia niveles compatibles con los estándares internacionales.

A este escenario se suman riesgos como los ajustes pendientes en tarifas, combustibles y otros precios regulados, además de la incertidumbre cambiaria. Por ello, diversas consultoras estiman que la inflación anual podría cerrar entre el 31% y el 33%, pese a la desaceleración observada durante el año.

De todos modos, los analistas destacan que el proceso desinflacionario sigue avanzando. Consideran que la combinación de disciplina fiscal, estabilidad monetaria y tiempo será clave para consolidar la baja de los precios, aunque advierten que alcanzar tasas de inflación de un solo dígito requerirá esfuerzos sostenidos y una mayor coordinación de expectativas en la economía.