El consumo de carne de cerdo en Argentina registró un crecimiento histórico en las últimas dos décadas y ya supera los 20 kilos por habitante al año.

El aumento, superior al 170% desde 2006, responde principalmente a la diferencia de precios con la carne vacuna, aunque también influyen los cambios en los hábitos de consumo y una mejor valoración de sus propiedades nutricionales.

Actualmente, el cerdo se consolidó como una alternativa más económica frente a la carne vacuna. Mientras el kilo de asado ronda los $18.500, el pechito de cerdo cuesta alrededor de $8.900, una brecha que llegó a superar el 120% durante este año. Esta diferencia convirtió al cerdo en un sustituto habitual del tradicional asado argentino.

Desde el sector porcino destacan que estudios del INTI demostraron que la carne de cerdo posee grasas saludables, comparables con las del aceite de oliva, además de aportar proteínas de alto valor biológico, minerales y creatina natural. Estas características ayudaron a derribar antiguos prejuicios y ampliaron su aceptación entre consumidores y deportistas.

El crecimiento de la demanda también modificó la oferta de las carnicerías. Cortes que antes se destinaban a la industria de chacinados, como nalga, cuadril, bola de lomo y carré, hoy se comercializan frescos, mientras que el pechito de cerdo se posicionó como una de las principales alternativas al asado vacuno.

En paralelo, el mercado de la carne vacuna atraviesa una transformación impulsada por el aumento de las importaciones desde Brasil. Durante el último año ingresaron miles de toneladas de cortes vacunos a precios considerablemente más bajos que los nacionales, permitiendo a las cadenas de supermercados ofrecer productos más económicos y contener el impacto de los aumentos sobre los consumidores.