Tras recibir el alta médica, los familiares expresaron su profunda angustia por las graves irregularidades ocurridas durante y después del parto en el Hospital Regional. La Justicia ordenó cinco pruebas genéticas para determinar la filiación de los bebés nacidos ese día.

La tranquilidad de la ciudad de Concepción se vio sacudida en las últimas horas tras conocerse un presunto caso de confusión de identidad de un recién nacido en el Hospital Regional. La familia de Mario Rolando Paz atraviesa momentos de intensa incertidumbre mientras aguarda en su domicilio los resultados de las pruebas de ADN dispuestas por la Justicia provincial. El caso pone bajo la lupa los protocolos sanitarios y de identificación del principal centro asistencial del sur tucumano.

El episodio comenzó a gestarse durante los controles prenatales de una joven madre de 23 años. A lo largo de la gestación, cuatro estudios ecográficos habían anticipado que el bebé en camino era de sexo femenino. Esta versión pareció confirmarse el pasado viernes 14 de agosto en la sala de partos, cuando la madre debió someterse a una cesárea de urgencia debido a un cuadro de bradicardia fetal. En ese momento crítico, según el relato familiar, una profesional del equipo médico felicitó a la parturienta asegurándole que había dado a luz a “una hermosa nena”.

Sin embargo, el desconcierto se desató horas más tarde en la sala de internación. Durante el primer cambio de pañales, realizado por una tía del recién nacido, descubrieron que el bebé era en realidad un varón. Para ese momento, el personal de enfermería ya le había realizado las perforaciones en los lóbulos de las orejas para la colocación de aros, y la familia lo había inscripto internamente bajo el nombre de Emma Amir, convencidos de que se trataba de una niña.

Mario Rolando Paz, abuelo del pequeño, cuestionó con dureza el accionar del equipo de salud del nosocomio concepcionense. Señaló que, si bien la tecnología ecográfica puede presentar márgenes de error, resulta inadmisible que un equipo multidisciplinario de siete profesionales presentes en quirófano no advirtiera ni comunicara de inmediato el sexo biológico del niño. A esto sumó una demora inusual de casi 50 minutos entre la extracción del bebé y su entrega a los progenitores, un procedimiento que de forma habitual demanda solo unos minutos para tareas básicas de higiene y colocación de pulseras identitarias.

Pese a la desconfianza y al impacto emocional generado por la situación, la familia decidió no dejar al recién nacido en el centro médico y regresó con él a su hogar una vez otorgada el alta médica. El menor se encuentra en buen estado de salud, alimentándose de manera adecuada y con una evolución clínica favorable tras la complicación cardíaca intrauterina que obligó a adelantar su nacimiento. El apego afectivo creció de inmediato entre los familiares, aunque el temor a un error irreversible persiste a cada instante.

La causa se encuentra bajo la órbita del Ministerio Público Fiscal, que dispuso la realización de pericias genéticas comparativas sobre cinco bebés —tanto varones como mujeres— nacidos durante esa misma jornada en el Hospital de Concepción. Las autoridades sanitarias y judiciales argumentaron de forma preliminar que la urgencia de la intervención quirúrgica y el estado de gravedad del niño generaron un contexto de tensión donde la cirujana entregó el neonato al área de Neonatología sin verbalizar el sexo, aunque el personal encargado de la identificación sostiene haber brindado las explicaciones correspondientes con posterioridad.

Los estudios de compatibilidad genética demorarán aproximadamente un mes en arrojar resultados concluyentes. Mientras tanto, en el seno del hogar reina un ambiente cargado de angustia, con pedidos a la comunidad y a la fe para que el niño que hoy abrigan en sus brazos sea efectivamente parte de su sangre, al tiempo que reclaman que las disculpas institucionales se traduzcan en responsabilidades concretas y mejoras urgentes en los controles hospitalarios provinciales.