El histórico conductor y cronista falleció en la Ciudad de Buenos Aires tras sufrir complicaciones derivadas de un cuadro respiratorio. Forjó una trayectoria de más de medio siglo que combinó coberturas internacionales, investigaciones en redacción y ciclos televisivos memorables como “Memoria”, dejando una huella indeleble en la cultura popular y en la pantalla de los hogares de todo el país.

El periodismo argentino despide a uno de sus narradores más intensos y singulares. Este miércoles se confirmó el fallecimiento de Samuel “Chiche” Gelblung a los 82 años de edad. El experimentado conductor y cronista permanecía internado en el Sanatorio Mater Dei de la Ciudad de Buenos Aires, nosocomio al que había ingresado en las últimas horas debido a un cuadro de agravamiento en sus vías respiratorias.

Su salud venía mostrando signos de desgaste a lo largo de los últimos meses. A mediados de mayo pasado, Gelblung había sido asistido en una unidad de terapia intensiva dentro del Sanatorio de Los Arcos, a raíz de una trombosis severa en uno de sus tobillos que derivó en la colocación de un stent vascular en la pierna. Aquella afección se había originado tras una caída accidental previa a la que no le había prestado mayor atención médica. Pese a la complejidad de las intervenciones y las recomendaciones de reposo absoluto de los facultativos, su compromiso con el ritmo laboral nunca se detuvo. Al recibir el alta, fiel a su estilo hiperactivo, regresó de inmediato a los estudios de grabación remarcando con crudeza su necesidad vital de estar frente a las cámaras y micrófonos: “Estoy perfecto; el reposo siempre es bueno, pero vine a trabajar igual”.

Nacido el 7 de febrero de 1944 en el tradicional barrio porteño de Villa Devoto, Samuel creció en el seno de una familia de clase media caracterizada por sus intensas discusiones y convicciones políticas ligadas a la izquierda. Ese entorno estimuló desde muy temprano su avidez por la lectura, la literatura y el debate social. Sin pasar por las aulas universitarias, su desembarco en la profesión se produjo antes de cumplir los 20 años en la legendaria revista Gente, editada por la Editorial Atlántida, donde aprendió el oficio desde el barro de las redacciones impresas, rodeado de tipógrafos, máquinas de escribir y fotógrafos de calle.

Con apenas 25 años y un notable instinto reporteril, Gelblung recibió su bautismo de fuego internacional en 1967 al ser enviado como corresponsal a la Guerra de los Seis Días, conflicto militar que enfrentó a Israel con una coalición árabe integrada por Egipto, Siria, Jordania e Irak. Aquella experiencia bélica consolidó su perfil operativo y templó su mirada frente a la noticia en caliente.

A su regreso y con el correr de los años, su capacidad para estructurar ejes narrativos de altísimo impacto de ventas lo encumbró como jefe de redacción de Gente. En ese rol forjó su célebre y controvertida máxima: “Nunca dejes que la realidad te arruine una buena nota”. La frase sintetizaba su visión sobre el impacto visual de la prensa gráfica, ejemplificada por anécdotas como la cobertura de los ensayos nucleares en el atolón de Mururoa en el océano Pacífico, donde, al no hallar peces muertos arrastrados por la marea, resolvió comprarlos frescos en un mercado local para graficar la catástrofe ambiental en tapa.

Hacia la década de 1990, Gelblung dio el salto definitivo al formato audiovisual, transformándose en una presencia cotidiana para millones de televidentes a lo largo y ancho del país, incluyendo al público tucumano que sintonizaba fielmente sus ciclos en las noches de aire y cable. Con la conducción de Memoria, Samuel creó un subgénero televisivo basado en la investigación ágil, el misterio y la denuncia directa.

El programa desenmascaró desde falsos parapsicólogos —apelando a ilusionistas profesionales para desarmar trucos en vivo— hasta puestas en escena que desafiaban los límites del medio, como la recordada recreación de la autopsia al extraterrestre del caso Roswell. Chiche manejaba con precisión quirúrgica la ironía, el remate punzante y un escepticismo que mantenía a la audiencia pegada a la pantalla. Más tarde, ese mismo sello se tradujo en ciclos exitosos como 70.20.10 y 70.20.13, emitidos por El Trece y El Nueve.

Su pasión por el cronismo de trinchera permaneció intacta hasta sus últimos años de vida. En marzo de 2022, con 78 años a cuestas y apenas desatada la invasión militar de la Federación Rusa a territorio ucraniano, Gelblung viajó hasta Europa del Este como enviado especial de Crónica TV. Sin dudarlo, recorrió rutas terrestres polacas hasta cruzar la frontera y transmitir en directo la crisis humanitaria y los movimientos bélicos, protagonizando momentos televisivos que dieron la vuelta al mundo, como cuando un grupo de soldados ucranianos lo confundió con un refugiado civil y le ofreció alimento para resguardarlo del frío invernal.

Con su partida física, la escena informativa despide a un testigo directo de los acontecimientos más determinantes del último medio siglo, un creador de formatos populares y un trabajador infatigable que concibió al periodismo no como un escritorio, sino como una permanente expedición hacia lo desconocido.