El programa económico que impulsa el ministro Luis Caputo atraviesa un escenario heterogéneo, con sectores como el energético y financiero en crecimiento, mientras que otros ligados al consumo interno continúan debilitados.

En este contexto, el Gobierno observa con preocupación la caída del poder adquisitivo y el retroceso del consumo, factores que condicionan la recuperación económica.

Los salarios formales acumulan varios meses de baja y el ingreso disponible de las familias sigue por debajo de los niveles de 2023, lo que impacta directamente en el consumo masivo. De hecho, las ventas en supermercados y comercios registran caídas recientes, mientras que desde el sector privado advierten además sobre la presión impositiva y la competencia informal.

A esto se suma la caída de la recaudación tributaria en términos reales, que lleva varios meses consecutivos y complica el objetivo oficial de sostener el superávit fiscal. En paralelo, el Gobierno enfrenta importantes vencimientos de deuda en dólares durante el año, lo que presiona sobre las reservas y obliga a buscar alternativas de financiamiento, como la colocación de deuda o la venta de activos.