Según el relevamiento técnico de CICCRA, la demanda interna en carnicerías y supermercados acumuló una fuerte contracción entre enero y julio. Pese a una leve baja en el último mes, los cortes vacunos acumulan una suba interanual del 52%, consolidando una brecha histórica frente a productos alternativos como el pollo.
La mesa cotidiana de los hogares argentinos, y de manera muy marcada la de las familias en San Miguel de Tucumán y el interior de la provincia, atraviesa una profunda reconfiguración en sus hábitos de compra. El histórico protagonismo de la carne vacuna en la dieta popular sigue perdiendo terreno frente a la pérdida de poder adquisitivo del salario. De acuerdo con el último balance sectorial elaborado por la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), la demanda en el mercado doméstico registró una retracción interanual del 12% en el período acumulado entre enero y julio de 2026.
Esta contracción en los volúmenes comercializados se traduce de forma tangible en los hábitos individuales: cada habitante consume, en promedio, cerca de cinco kilos menos de carne al año en comparación con los registros obtenidos en 2025. Al evaluar el volumen absoluto, el consumo aparente dentro de las fronteras nacionales alcanzó 1,202 millones de toneladas entre enero y julio, lo que representó una disminución directa de 163,4 millones de toneladas frente al mismo lapso del ejercicio anterior.
El indicador del promedio móvil de los últimos doce meses —utilizado por los analistas para medir la tendencia estructural sin distorsiones estacionales— ratificó la magnitud del repliegue. El consumo por habitante se ubicó en 46,3 kilos anuales, lo que significó un declive del 9,4% respecto a las cifras de doce meses atrás (una pérdida neta de 4,8 kilos por persona).
Detrás de este comportamiento de los consumidores subyace la presión acumulada sobre las pizarras de precios en carnicerías de barrio y cadenas de supermercados. Aunque durante el último mes relevado el rubro de carnes y derivados mostró un leve respiro técnico con una baja puntual del 0,6%, el sector acumuló un incremento interanual del 42,9%, superando holgadamente el índice de inflación general, que marcó un 34%.
La escalada de precios fue aún más pronunciada en el segmento específico de los cortes vacunos, donde el incremento interanual llegó al 52%. Esta dinámica ensanchó sensiblemente la brecha frente a fuentes de proteína sustitutas: en los últimos doce meses, la carne vacuna se encareció un 23,7% en relación con la carne de pollo, acelerando la migración de las compras hacia alternativas más accesibles para la canasta familiar.
No obstante el complejo escenario para los consumidores, CICCRA detectó signos de estabilización en los valores nominales en el corto plazo. El relevamiento arrojó que el kilo de asado registró una baja mensual del 1,3% para ubicarse en un promedio de $16.708,2. En tanto, la nalga —corte indispensable para las tradicionales milanesas tucumanas— anotó una disminución del 0,8%, situándose en $21.447,8 el kilo, mientras que la carne picada común retrocedió un 0,7% mensual, alcanzando los $10.554,1.
En contraposición a la debilidad del mercado doméstico, la industria frigorífica encontró un canal de compensación a través del comercio exterior. Las exportaciones de carne vacuna treparon un 8,8% interanual en los primeros siete meses del año, traccionadas primordialmente por una mayor colocación de cortes en los Estados Unidos tras la habilitación de un nuevo cupo arancelario. Este flujo hacia el mercado norteamericano permitió mitigar el menor volumen de compras proveniente de China, configurando un mercado de dos velocidades: expansión de ventas hacia el exterior y bolsillos ajustados en el consumo interno.
