Un informe del World Economic Forum confirma que, en la era de la automatización, las habilidades humanas como la creatividad, la resiliencia, la flexibilidad y el liderazgo ganan protagonismo frente al avance de la inteligencia artificial. A medida que la tecnología asume tareas rutinarias, el valor diferencial del trabajo humano se concentra en el juicio, la interacción y la capacidad de desenvolverse en contextos ambiguos, competencias cuya demanda crecerá de forma sostenida hacia 2030.

Sin embargo, el estudio advierte una brecha significativa entre lo que las empresas dicen necesitar y lo que efectivamente saben evaluar. Solo la mitad de los empleadores considera que sus equipos dominan habilidades human-centric básicas, mientras que capacidades clave como la curiosidad y el aprendizaje continuo figuran entre las de menor desarrollo. La dificultad para medirlas, sumada a la falta de marcos conceptuales compartidos y a evaluaciones poco confiables, sigue relegándolas al rótulo de “soft skills”.

El informe subraya además el rol crítico del sistema educativo y la formación docente, donde los datos de PISA y encuestas internacionales muestran un bajo entrenamiento en pensamiento creativo y habilidades socioemocionales. Frente a este escenario, el WEF propone avanzar en tres ejes: desarrollar estas capacidades con prácticas reales, evaluarlas con herramientas auténticas y diversas, y credencializarlas con evidencias claras y estándares comunes, para que lo humano deje de ser un discurso y se transforme en un valor comprobable.