Lanús escribió una de las páginas más brillantes de su historia al vencer 3-2 en el alargue a Flamengo en el mítico Maracaná y consagrarse campeón de la Recopa Sudamericana.
Con el 1-0 logrado en la ida en La Fortaleza, el Granate selló un global de 4-2 y levantó su cuarto título internacional. Fue una conquista forjada con carácter, convicción y una identidad clara ante uno de los gigantes del continente.

El equipo argentino pegó primero en Río con el gol de Rodrigo Castillo, pero el conjunto carioca reaccionó y llevó el partido al suplementario tras darlo vuelta con dos penales convertidos por Giorgian de Arrascaeta y Jorginho. Lejos de desmoronarse en un escenario adverso y bajo una lluvia persistente, Lanús mostró temple competitivo. En los minutos finales del alargue, los tantos agónicos de José María Canale y Dylan Aquino desataron la euforia y coronaron una actuación que combinó orden táctico, solidaridad y una fe inquebrantable.
Más allá del resultado, el mérito radica en cómo lo hizo: jugando sin complejos, entendiendo los momentos del partido y golpeando en el instante justo. Lanús no solo ganó una final, dio una lección de resiliencia en territorio hostil y confirmó que su proyecto deportivo sabe competir en la alta exigencia. La primera Recopa ya es parte de su vitrina y de una historia internacional que sigue creciendo con argumentos sólidos y noches inolvidables.
